JOSÉ LUIS TRULLO, Soy un perdedor nato. Sevilla, 2007, 92 páginas. 8€
"Soy un perdedor nato. Todo lo que hago, o lo hago mal, o lo hago bien, pero no se me reconoce, o es inútil, o en cuanto sale de mis inútiles manos, ya ha quedado desfasado y se ve arrinconado en el desván, a la espera del revival que, quizás, lo exima de su condición de intento abortado y sin posteridad. No es raro, pues, que mis mejores propósitos atiborren el cuarto de los trastos. Soy un perdedor auténtico. No de los que se complacen en su propia bajeza, y encuentran en ello un morboso motivo de satisfacción, una victoria sutil ante un enemigo imaginario. Yo me siento derrotado de una manera radical, sin consuelo ante el espectáculo de mis huesos machacados en el suelo, sin la irónica salvedad que proporciona el saberse el vencedor moral. A mi edad, todas las heridas supuran un poco de alma" (fragmento).
Gonçal Mayos, profesor de la Universidad de Barcelona, propone en este estimulante libro un nuevo concepto de trabajo: el de macrofilosofía. "La macrofilosofía no busca la erudición infinita, sino la síntesis más amplia posible, que permite tratar de forma comparativa, transversal, interdisciplinar y con un mismo modelo, cuestiones, relaciones u objetos complejos que son estudiados por las diversas ciencias". En este caso, el autor aborda la macrofilosofía de la Modernidad: desde Descartes hasta Nieztsche, pasando por Kant, Herder, Hegel y los filósofos de la Ilustración, Mayos consigue delinear la trayectoria de unos conceptos (como los de sujeto, razón, libertad, historia o ciencia) que, hoy en día, se encuentran en la picota por parte de la llamada Postmodernidad, pero para los cuales todavía no hemos logrado hallar sustitutos.Pensamientos de intemperie constituye una excelente ocasión para constatar que el género aforístico en España está en buenas manos, y se encuentra muy lejos de ceder a los cantos de sirena de la facilidad y el ingenio barato, proporcionándonos por el contrario numerosas ocasiones para el deleite intelectual, estético y moral. No en vano, este libro no ha sido escrito en un rapto de la inspiración momentánea, sino que es una amplia y cuidadosa selección de los cuadernos que, durante años, ha ido escribiendo Neila, poseedor de un dominio de la técnica fragmentaria y profundor conocedor del género. El resultado debe calificarse de un completo acierto. LEER MÁS
BLANCHOT Y EL AFORISMO COMO ALIANZA
Según Blanchot, el aforismo obliga al lenguaje a traicionar la tiranía de la conciencia y a erigirse él mismo como objeto puro del pensamiento, como existencia autónoma de las palabras. Más aún: el aforismo conserva la fuerza esencial de la experiencia sólo porque suscita en las palabras un movimiento reflejo que, a su manera, rinde un homenaje (póstumo, eso sí) a la simultaneidad de esta experiencia. El aforismo no trata de traducir en palabras la experiencia, sino al contrario, pretende suscitar de las palabras una forma de vivencia original y, al mismo tiempo, absolutamente monstruosa: la de la catástrofe del lenguaje, el cual ha renunciado a dar cuenta del mundo y trata, a cambio, de construirlo (pieza a pieza) de nuevo. LEER MÁS
LANÚS, PORCHIA Y LA VERDAD DE LA ASTILLAArgentino como él, Alejandro Lanús utiliza la contradicción porchiana como método de investigación de aquello que le obsesiona: “Todo me habita, excepto yo”. Esta utilización técnica de la contradicción no solo encuentra verdades inéditas en los arabescos del lenguaje, sino que dinamita lo que consideramos como lógico para hacer ver las trampas de las palabras y el coto reducido que la lógica misma tiene sobre la realidad. “Las alturas bajan, subiendo”, decía Porchia, aquel hombre extraordinario que vivía con la misma gravosa austeridad su propia existencia y su relación con las palabras. LEER MÁS
FRAGMENTO VS. AFORISMO
El aforismo o el axioma defienden la inmediatez del objeto del conocimiento ante la conciencia (aunque su naturaleza sea oscura, como en Heráclito); la del fragmento establece una dificultad apriorística en la capacidad del sujeto por aprehender el objeto. La diferencia estriba en el verbo ser. Desde el punto de vista del conocimiento, el aforismo trata con la realidad de forma directa, conformando su idea previa de que existe un contacto inmediato entre el objeto de conocimiento y el sujeto que lo aprehende; mientras que el fragmento, indirecto, incompleto y dubitativo, oscila con respecto de la posición del sujeto ante su objeto. LEER MÁS

